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sábado, 25 de junio de 2011

la mejor dieta pra adelgazar es comer con los ojos

Cuando se come mirando la televisión o conversando se ingiere más cantidad de alimento. Esto es porque no nos concentramos en los alimentos, consejo que dan desde la Universidad de Birgmingham como medida para adelgazar.

Es más, según un estudio de esta facultad, publicado en la revista «Appetite», cuando comemos tenemos que fijarnos en las características de los platos porque esto ayuda a guardarlos en la memoria y recordarlos ante posibles tentaciones posteriores.

Estos expertos británicos han realizado la investigación con treinta estudiantes universitarias a las que han invitado a comer y más tarde, a tomar el aperitivo en los laboratorios de la universidad.

Conscientes de que estamos comiendo
Dividieron las chicas en tres grupos. El primero tenía que concentrarse en la comida y en las características sensoriales de los alimentos (aspecto y gusto), además de prestar atención a su procedencia y a otros elementos como la velocidad en que masticaban.

El segundo grupo tenía que leer durante la comida un texto relacionado con los alimentos y las chicas del tercero sólo tenían que comer.

La comida era igual para todas mientras que el aperitivo de la tarde podría ser consumido sólo si les apetecía. Los investigadores han observado que la cantidad de «snack» consumida por el primer grupo era significativamente inferior respeto a los otros dos.

De este modo, una de las conclusiones del estudio es que la información visual es un factor muy importante no sólo para recordar lo que se ha comido en horas posteriores sino también durante el tiempo de la comida, para darse cuenta de cuál se el momento de parar.

lunes, 22 de febrero de 2010

Homeopatía es "dinero tirado a la basura"

Adeptos a la homeopatía impugnaron el informe parlamentario.
Parlamentarios británicos dijeron que el gobierno del Reino Unido debe dejar de brindar fondos públicos para la homeopatía, pues, señalan, carece de base científica.
Un informe del Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes concluye que los medicamentos homeopáticos no funcionan mejor que los placebos. Cualquier efecto que tengan, señaló el comité, se debe a la fe del paciente en tales remedios.
El comité también indicó que no se debería permitir a los productores de medicamentos homeopáticos hacer declaraciones acerca de la efectividad de estos remedios sin que muestren evidencias.
Los parlamentarios cuestionaron las licencias que los reguladores otorgan a tales remedios.
Sin embargo, fabricantes y simpatizantes de la homeopatía impugnaron el informe, diciendo que los parlamentarios habían ignorado evidencia importante.
Medicina con historia
Se cree que el sistema público de salud en el Reino Unido gasta unos US$6 millones al año en homeopatía, ayudando a financiar cuatro hospitales homeopáticos en Londres, Bristol, Liverpool y Glasgow y numerosas prescripciones.
Homeopatía
Los remedios homeopáticos consisten de sustancias altamente diluidas que en grandes cantidades podrían producir síntomas similares a la condición que se está tratando.
Por ejemplo, un remedio que podría ser usado en una persona que sufra de insomnio es "coffea", remedio hecho de café.
La homeopatía es un sistema de tratamiento, con más de 200 años de historia, que usa sustancias altamente diluidas -al grado que algunas veces nada queda del producto original- y que se suministran oralmente.
Los amantes de la homeopatía creen que tales remedios ayudan a curar una variedad de dolencias que van desde moretones e hinchazón hasta constipados e insomnio.
Pero los parlamentarios afirman que la homeopatía es básicamente pastillas de azúcar que sólo funcionan gracias a la fe.
"Los políticos afirman que prescribir estos productos conlleva el riesgo de dañar la confianza entre doctores y pacientes", comentó Jane Dreaper, corresponsal de Salud de la BBC.
Apetito
En medicina se reconoce que algunas personas pueden mejorar su salud porque creen que el tratamiento que toman va a funcionar.
Los parlamentarios dijeron que el sistema de salud no debería financiar tratamientos sobre esta base.
No deberíamos abandonar a los pacientes que no podemos ayudar con medicina científica convencional.
Dr. Michael Dixon, director de la Fundación para la Salud Integral
Argumentan que la efectividad era, muchas veces, impredecible e involucraba un grado de engaño por parte de la institucionalidad médica.
Con todo, el informe reconoció que entre el público británico había apetito por la homeopatía, con encuestas que indican un nivel de satisfacción por encima del 70%.
Robert Wilson, miembro de la Asociación Británica de Fabricantes Homeopáticos, dijo que estaba "decepcionado" por las conclusiones.
"Hay evidencia clara de que la homeopatía funciona, por ejemplo en animales y en bebés, y ninguno de éstos experimenta el efecto placebo", dijo Wilson a Nick Triggle, reportero de salud de la BBC.
El Dr. Michael Dixon, director de la Fundación para la Salud Integral, establecida por el Príncipe Carlos para promover la medicina complementaria, impugnó las conclusiones, diciendo que la homeopatía aún tenía un papel que jugar en el sistema de salud británico.
"No deberíamos abandonar a los pacientes que no podemos ayudar con medicina científica convencional.
"Si la homeopatía está teniendo resultados para esos pacientes, entonces por supuesto que deberíamos seguir usándola".

sábado, 16 de enero de 2010

El stress provoca cancer:

Investigadores chinos y estadounidenses han demostrado por primera vez que existe una relación directa entre el cáncer y el estrés. La investigación que lo demuestra se publica en la revista «Nature» y, en ella, se explica cómo las células víctimas del estrés pueden emitir señales que inducen al desarrollo de tumores que afectan a las células sanas vecinas.
El estudio se realizó en moscas de la fruta, si bien los mismos genes y secuencias biológicas implicadas en este proceso se encuentran presentes en los humanos. MALAS Y BUENAS NOTICIASEl máximo responsable de la investigación, el profesor Tian Xu, de la Universidad de Connecticut (EE.UU.), considera el hallazgo «malas noticias», porque «hay una gran variedad de condiciones en la vida diaria que pueden desencadenar el estrés físico y emocional, además de las infecciones y la inflamación». En definitiva, el trabajo demuestra que es más fácil de lo que se pensaba desencadenar un tumor en el organismo, tras constatar que es más probable que las mutaciones se ceben en varias células distintas que en una sola. Por otro lado, la buena noticia es que también identifica una potencial nueva diana para detener el cáncer, si se consigue bloquear el origen de la señal de estrés que reciben las células.

La tristeza no se cura con una píldora

Es el quinto grupo de fármacos más consumido en España (según los últimos datos disponibles, de 2007), pero, según un estudio publicado recientemente en la revista JAMA, millones de pacientes podrían estar tomándolos inútilmente. Son los antidepresivos, esas píldoras en las que los españoles gastaron más de 600 millones de euros ese mismo año.
El trabajo, que analiza datos de seis ensayos clínicos en los que se compara su eficacia con la acción de un placebo, concluye que los fármacos sí ayudan a las personas con depresión, pero sólo a quienes la padecen en una forma grave. Pero ¿qué es una depresión grave? Para definirla, los autores se basan en la escala de Hamilton, un test de 17 preguntas que cuantifica el problema del paciente. La puntuación máxima sería 51 y, según el estudio de JAMA, la necesaria para responder a los antidepresivos sería, al menos, de 25, aumentando la eficacia de los fármacos cuanto más alto se está en la escala. Según explican los autores, el beneficio para los pacientes con depresión muy grave es "sustancial", pero, en aquellos que puntúan menos en la escala de Hamilton, no hay diferencia entre prescribir un fármaco o un placebo. Si el resultado que desvelan los investigadores dirigidos por el psicólogo de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) Jay Fournier es real, es evidente que en España (y, probablemente, en la mayoría de los países desarrollados), se prescriben más antidepresivos de los necesarios, como lo demuestran las cifras.En 2007, último año del que el Ministerio de Sanidad y Política Social ha facilitado datos, se consumieron en España más de 15 millones de envases de inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), un tipo de antidepresivos. Pero a esa cifra hay que sumarle las más de siete millones de cajas pertenecientes al grupo de "otros antidepresivos". En total, son casi 23 millones de envases de este tipo de fármacos. Según el psiquiatra del Hospital Clínic de Barcelona, Víctor Navarro, es cierto que en España se recetan antidepresivos a personas que no padecen depresión, pero esto no quiere decir que los fármacos sean inútiles. "Hay que distinguir entre tristeza y depresión; los antidepresivos curan la depresión y no la tristeza, pero sí hacen que la persona triste lleve mejor su estado de ánimo, por lo que le ayudan", señala este especialista.Para Navarro, no existen depresiones leves, y lo que los autores del estudio califican como tal son casos de tristeza. En su opinión, gran parte de los pacientes que acceden a participar en un ensayo clínico para evaluar un nuevo fármaco, como los analizados por Fournier y sus colaboradores en este estudio, son personas tristes y no deprimidas. Diferenciar entre depresión y tristeza no es fácil, ya que no existe ninguna prueba de diagnóstico objetivo que lo haga. "Esto no es como un tumor cerebral, que haces una resonancia y lo ves; una persona triste puede perfectamente dar una puntuación muy alta en la escala de Hamilton", resume Navarro.REACTIVIDAD DEL HUMORLo que define al depresivo es, según este experto, "la incapacidad para reaccionar frente al medio". El psiquiatra lo explica con un ejemplo: "A una persona triste a quien le gusten mucho los gatos, le sentará bien disfrutar de su compañía. No le curará la tristeza, pero le hará sentirse mejor, al menos momentáneamente. Sin embargo, un deprimido en las mismas circunstancias no será capaz de dedicarle ni cinco minutos al gato; es lo que se llama reactividad del humor".Entre la persona triste y el depresivo existe un término medio que es el "trastorno adaptativo", y Navarro reconoce que, tanto a estas personas como a las que sienten tristeza se les recetan antidepresivos habitualmente, lo que explicaría la elevada cifra de venta de fármacos de este tipo. "Es una ayuda para que el cerebro rumie menos. Por ejemplo, si alguien que está mal porque se ha quedado en el paro toma antidepresivos, seguirá estando preocupado por su situación, pero la medicación le permitirá distraerse con otras cosas", añade Navarro. Este especialista considera que a una persona no deprimida "la psicoterapia le hará lo mismo o más que la pastilla". ¿Por qué, entonces, se recurre a los fármacos? Para Navarro, la respuesta es lógica: los psicólogos son caros y hay menos cantidad en la Seguridad Social que psiquiatras.El estudio de JAMA, además de sugerir que puede haber un exceso de prescripción de fármacos antidepresivos, pone de manifiesto otro punto importante: la fiabilidad de los ensayos clínicos que se realizan para evaluar la eficacia de este tipo de medicamentos. Los propios autores apuntan a que "los médicos pueden inflar sin querer la puntuación en la escala de Hamilton de los participantes que están justo por debajo del mínimo requerido".Navarro comenta que existen ciertas restricciones que evitan a un paciente entrar a formar parte de un ensayo clínico. A su juicio, una de las más importantes es la intención suicida, ya que alguien que su médico considere que tiene riesgo de intentar acabar con su vida no está autorizado a participar en los ensayos, según la mayoría de los protocolos. Otro factor que incapacita a un paciente para entrar a formar parte del estudio es estar tomando benzodiacepinas, un tipo de fármacos para la ansiedad. "Te piden que el paciente no los tome mientras dure el estudio, pero muchos de los depresivos sufren también ansiedad grave y es importante darles algo para este estado mientras hacen efecto los antidepresivos, lo que tarda como mínimo cuatro semanas", resume Navarro. Así, muchos de los participantes en estos ensayos no alcanzarían los criterios de depresión clínica. Otro factor que influye es la propia dificultad del médico para encontrar pacientes verdaderamente depresivos que quieran participar en un estudio. "Si tú le preguntas a un auténtico depresivo o a su familia si quiere meterse en un ensayo para ver si funciona un nuevo fármaco, te dirá que prefiere que le des uno cuya eficacia ya se haya demostrado, y no arriesgarse a recibir un placebo". Pero hay un grupo de depresivos que sí suelen acceder a participar: aquellos que ya han probado varios tratamientos sin éxito o, en otras palabras, los más difíciles de curar.Todas estas circunstancias demostrarían que los participantes en los ensayos clínicos no padecen, en muchos casos depresión, lo que explicaría la elevada eficacia (cercana al 30%) que se obtiene con placebo. Navarro considera que estudios como el publicado en JAMA no deben utilizarse en contra de estos fármacos, cuya eficacia en depresión "es cercana al 95%".

miércoles, 13 de enero de 2010

COMEMOS FUERA Y CADA VEZ PEOR

Las alarmas de nutricionistas e instituciones ya han saltado. Mientras la crisis financiera hace mella en los hábitos de compra de las familias medias, los estudios hablan claro. España se está alejando peligrosamente del patrón tradicional de la dieta mediterránea y encabeza las listas de países europeos donde más se incrementa el consumo fuera de casa. Más del 20% de nuestras salidas incluyen al menos una etapa en un bar o "una tapa", de acuerdo a los últimos datos del panel de consumo alimentario que publica el Ministerio de Medio Ambiente. Este observatorio, el más actualizado y completo, calcula que el año pasado "una tercera parte del gasto total en alimentación de los españoles", unos 90.000 millones de euros, se realizó fuera del hogar y que entre finales de 2008 y principios de 2009 se registraron 6.810 millones de "visitas individuales a establecimientos".

Lejos de considerar el consumo extradoméstico como una costumbre insalubre de por sí (se puede comer mejor en un restaurante que en casa, por supuesto), los analistas señalan más bien los hábitos y los inconvenientes que a menudo acompañan este consumo: las prisas, la irreflexión a la hora de pedir o la baja calidad de los productos.

Si entre las causas más frecuentes influye el trabajar lejos de casa, las consecuencias para la salud ya son más que evidentes y, a este ritmo, no auspician nada positivo. "Estos cambios ya nos han pasado factura. Sólo hace falta ver los índices de obesidad [más del 17%, según el INE] en la población", recuerda Susana del Pozo, directora de Análisis de la Fundación Española de Nutrición (FEN).

Se trata de datos preocupantes que se deben, entre otras cosas, a una falsa creencia radicada en la sociedad. "Los españoles creemos comer mejor de lo que en realidad comemos, lo que se convierte en un problema a la hora de convencer a la gente de que tiene que cambiar sus hábitos", apunta Geles Duch, nutricionista y responsable del Grupo de Apoyo Nutricional, entidad barcelonesa que organiza cursos de educación alimentaria, una disciplina que parece cada vez más necesaria si consideramos las conclusiones de la SEN en una valoración del comportamiento alimentario. "La dieta de los españoles se ha modificado notablemente en los últimos 40 años, alejándose del modelo tradicional de la dieta mediterránea, por lo que se deben diseñar estrategias que fomenten la alimentación saludable, comercialización y distribución", señala la investigación. "Todo ello sin olvidar el componente de placer de los alimentos, que se considera clave para mantener o recuperar los hábitos alimentarios".

"Aún es pronto para predecir qué ocurrirá con vistas al futuro", prosigue Del Pozo, "pero sí es cierto que los profesionales, las administraciones, las asociaciones y los colegios están trabajando para que aumente la formación y la educación, sobre todo entre los más pequeños", para que las futuras generaciones estén más formadas en este ámbito y sean conscientes de lo que supone comer mejor.

Mientras tanto, queda cada vez más claro que en muchos contextos, sobre todo en las grandes ciudades, comer en casa se ha convertido en una excepción. Lo señala también un informe realizado por la consultora Nielsen. España se ha afianzado como uno de los países europeos donde es más habitual pedir un menú en un bar, y sólo es superada por Grecia y Portugal. "La mayoría de los españoles comen en restaurantes varias veces al mes, hasta el punto de que el 58% declara hacerlo como mínimo dos o tres veces". Según el estudio, la comida más frecuente fuera del hogar es el almuerzo, una costumbre que se aleja de la media mundial, ya que internacionalmente se opta sobre todo por la cena.

Se trata de una tendencia que choca sólo en apariencia con el frenazo de consumos debido a la crisis financiera. "En general, cada vez gastamos menos en alimentación. Tradicionalmente, casi el 50% de los gastos familiares se realizaban en este ámbito", explica Víctor J. Martín Cerdeño, economista, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador del panel de consumo alimentario del ministerio. "Ahora las cosas han cambiado. Uno de los aspectos más interesantes de los últimos años desde el punto de vista social y demográfico es la incidencia en el sector de la alimentación de la nueva configuración de los hogares", cuenta. Y es que los singles o los hogares con doble renta hacen que el mercado se mueva "a distintas velocidades" y que en él "coexistan muchas realidades".

Porque si por un lado ha bajado el gasto tradicional, castigado con toda su fuerza por el seísmo financiero mundial, "por otro se ha ido afianzando un segmento de consumidores más selectos". Es decir, no es nada raro acudir a un establecimiento de comida gourmet y encontrarlo lleno. Paralelamente, los núcleos familiares suelen elegir más productos de marcas blancas frente a las de los fabricantes. "Y todo esto ocurre en uno de los países tradicionalmente más marquistas de Europa", recuerda Martín Cerdeño. Este investigador señala también la inmigración como una de las causas que han revolucionado los mercados y la clásica oferta de productos. "Sólo hace falta entrar en un supermercado para ver géneros de fruta tropical que antes era muy complicado encontrar". Junto al creciente exotismo de la oferta se afianza también su heterogeneidad y asequibilidad. Un supermercado pone al alcance de todo el mundo cantidad de productos apetecibles que nada tienen que ver con la tradicional dieta mediterránea.

Para proteger su legado, hay asociaciones y autoridades que piden su inclusión en la lista de los patrimonios culturales de la Unesco. La barcelonesa Fundación Dieta Mediterránea, además, confirmó recientemente en la publicación británica Public Health Nutrition la tendencia generalizada de los países de la cuenca del Mediterráneo hacia el abandono de los hábitos alimentarios tradicionales. El estudio, que abarca la evolución de los últimos 40 años en 41 países, señala que "España es el cuarto país mediterráneo que más pierde en su dieta, después de Grecia, Albania y Turquía", y concluye que "es fundamental y prioritario preservarla como estilo de vida saludable, en su concepto más amplio, en las sociedades actuales".

Y es que, mientras no faltan estudiosos y médicos que afirman que el concepto mismo de dieta mediterránea es un mito, la simple adaptación a la realidad y a la oferta existente de unas costumbres saludables y del sentido común constituye una opción muy razonable.

La nutricionista Geles Duch, basándose en su experiencia de asesoramiento, recuerda que comer mejor es un reto alcanzable. "Hace unos 50 años, por poner un ejemplo, los alemanes comían mucho peor que España. Pero han hecho muchos esfuerzos por cambiar y, con el tiempo, han logrado mejorar su estilo alimentario", cuenta. En España, en cambio, se ha ido perdiendo el valor de la disciplina alimentaria que marcó a muchas generaciones. "Antes, en las familias se comía lo que tocaba. Ahora es mucho más complicado. Hoy se dan casos de familias en las que si se presentan verduras y pescado para cenar, estos productos son rechazados".

Si no hay fórmulas certeras para corregirnos de cuajo, la solución pasa por la actitud de cada uno. "Mucha gente quiere cambiar", prosigue Duch, "pero resultaría muy complicado volver a la pura dieta mediterránea". Lo más práctico consiste, pues, en amoldar nuestros hábitos alimentarios a la realidad y de la forma más sana posible. "Porque si es cierto que muchos productos son malos, también existen inventos buenos", recuerda. "La venta de algo tan sencillo como las bolsas de ensalada ha llevado a mucha gente a consumirla".