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lunes, 23 de enero de 2012

TEC, la descarga que reactiva el cerebro

Asociada por muchos a la leyenda negra de la psiquiatría, la antiguamente conocida como «electroshock» sigue siendo una terapia efectiva en el combate a graves enfermedades mentales.

Lo llamaban «electroshock» y el imaginario popular lo asocia todavía a la larga lista de atrocidades que la historia de la medicina ha alumbrado. Hoy recibe el nombre de terapia electroconvulsiva (TEC) y se sigue aplicando, pero tiene poco que ver con el uso indiscriminado y cruel que han retratado películas como «Alguien voló sobre el nido del cuco» o «Réquiem por un sueño». Se trata de un arma terapéutica eficaz en muchos casos y que administrada de manera controlada ayuda a muchos enfermos mentales que no habían respondido a otro tipo de tratamientos a superar el drama de su enfermedad.

Aunque muchos pacientes piensan que la terapia electroconvulsiva es cosa del pasado y ya no se aplica, en la actualidad es un tratamiento eficaz y frecuente para patologías tan cotidianas como la depresión en casos severos, en los que el enfermo delira o se siente arruinado. También está indicada contra la esquizofrenia y diversas psicosis delirantes y agudas e incluso se utiliza para tratar patologías no psiquiátricas como la enfermedad de Parkinson. En cualquier caso, es una técnica a la que solo se recurre cuando otras opciones se han revelado insuficientes o ineficaces. Suelen pasar varios meses antes de que el psiquiatra prescriba la electroconvulsión. Ese momento solo llega cuando los fármacos, las pastillas, no han funcionado Y para muchas personas, con las descargas se abre paso también la esperanza.

«Salva vidas»
Es raro que se detecten cambios significativos antes de la tercera sesión, pero a partir de esta suele percibirse la mejoría. Las descargas estimulan la actividad de los neurotransmisores, las sustancias químicas que operan en la sinapsis, la transmisión de señales entre una neurona y la próxima. Reactivando su actividad, se contribuye a que el cerebro, prodigioso y enigmático procesador central del ser humano, recupere la normalidad. El tratamiento suele oscilar entre siete y nueve sesiones.

El doctor Juan José López-Ibor, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico de Madrid, cuenta que, pese a su mala prensa, la TEC «salva vidas». Puede parecer una afirmación exagerada, pero la práctica terapéutica revela que no es así. De hecho, muchos pacientes con alto riesgo de suicidio o que se niegan a comer, apartan estos funestos pensamientos tras someterse a ella.

Los expertos dicen que, pese a su mala prensa, la TEC «salva vidas»
Una sesión de terapia electroconvulsiva en la actualidad dista mucho de la imagen cruenta que ha transmitido frecuentemente el cine y la literatura. Hoy el paciente es anestesiado previamente y se le administran relajantes musculares para prevenir cualquier riesgo de fractura. Después se le colocan unos electrodos sobre uno o los dos lados de la cabeza y se le aplica una descarga que no dura más de diez o quince segundos. Es entonces cuando sucede la crisis convulsiva. Es algo bastante tranquilo. Ni sale humo de la camilla ni el enfermo se retuerce en ella chillando como la niña de «El exorcista». Según López-Ibor, en la mayoría de los casos apenas se aprecia un leve movimiento en los dedos de la mano.
«Leyenda negra»
La TEC, no obstante, es una terapia, no un milagro, y en consecuencia tiene efectos secundarios. El más frecuente e inquietante para los pacientes es la pérdida de memoria que muchos sufren tras las sesiones. Suele ser reversible, y prolongarse por unas horas o días, pero también hay casos en los que esta amnesia persiste durante meses. Otros menos alarmantes son el dolor de cabeza o cierta confusión.

En el pasado, el llamado electroshock se usó de manera cruel y abusiva
Pero no son los efectos secundarios lo que hace todavía hoy perviva en el imaginario colectivo la imagen brutal de esta técnica, asociada a la leyenda negra de la psiquiatría y muchos pacientes se muestren reticentes. El doctor López-Ibor cree que a la TEC le ocurre lo que todo lo relacionado con los enfermos mentales, que «carga con un estigma». Y no toda la culpa es de la ficción cinematográfica: «En el pasado se utilizó abusivamente, muchas veces para enfermos en los que no estaba indicado», cuenta el doctor, que añade que «fue sobre todo en Estados Unidos, en un tiempo en que la psiquiatría era muy aguerrida y se entendía que había que combatir la enfermedad como fuera y se utilizaba la TEC indiscriminadamente». Todo aquello quedó superado y, aunque entre el gran público siga predominando aquel tópico, todos los psiquiatras cuentan entre su arsenal terapéutico con la terapia electroconvulsiva.

sábado, 25 de junio de 2011

Sin sueño no hay aprendizaje

Investigadores estadounidenses explican por qué el cerebro necesita dormir para suplir sus demandas energéticas y mejorar la memoria.
En un estudio realizado por investigadores del sueño de la Universidad de Wisconsin–Madison y publicado en la revista Science, se indica que dormir más horas mejora la capacidad de aprendizaje del cerebro, al poder recuperarse este de las gran cantidad de sinapsis -uniones entre las células nerviosas donde se traspasan las señales eléctricas o químicas -que realiza durante el día.

«El sueño reduce el tamaño de las sinapsis nuevas, hay que crear un espacio para que las sinapsis crezcan de nuevo o no se puede aprender al día siguiente», indica Chiara Cirelli, profesora de psiquiatría en la Facultad de Medicina y Salud Pública de la UW–Madison. «Aún más importante, la reducción ahorra energía y, para el cerebro, la energía lo es todo. Aprender sin sueño es insostenible desde un punto de vista energético».

En un trabajo anterior, este laboratorio también demostró que las sinapsis reforzadas tenían niveles más altos de proteínas, acumuladas durante un día de aprendizaje, y el sueño rebaja esos niveles de proteína.

Síndrome del X Frágil
En este trabajo, los investigadores también analizaron el papel del gen FMR1, que, cuando no se expresa en los seres humanos, desemboca en el síndrome del «X Frágil», una de las causas del autismo e incapacidades mentales. Las personas con «X Frágil» también tienen dificultades para dormir.

Durante la investigación, se estudió lo que sucede cuando el gen FMR1 está «sobre-expresado», es decir, cuando más proteína FMR1 está presente en el cerebro. Trabajos anteriores habían demostrado que el FMR1 podría facilitar la reducción de las sinapsis. Durante el estudio, se observó que cuando este gen se encuentra «sobre-expresado», el aumento en el número de sinapsis en el sueño no se produce, y la consecuente necesidad de sueño disminuye.

«Esto sugiere que si las sinapsis se regulan a la baja, hay menos necesidad de dormir», apunta Cirelli. «Se trata de más evidencias para la teoría de que el sueño se impulsa por la necesidad de reducir las demandas energéticas del cerebro».

Menos sueño, más trabajo en el cerebro
Durante el experimento, se tomaron moscas del vinagre que habían pasado sus primeros días de vida en tubos individuales, demasiado pequeños para permitirles volar. A continuación, las soltaron en grupos en una cámara con mucha luz, lo que les permitió volar juntas durante 12 horas al día.

Todas las moscas tuvieron más sinapsis mientras estaban despiertas más horas, según la investigación. Tras varias horas volando en grupo, se puso de nuevo a algunas moscas en los tubos particulares, donde dormían mucho más tiempo, por lo menos un día.

Sus sinapsis volvieron la normalidad después de descansar. Las moscas que continuaron volando y fueron privadas de sueño seguían teniendo las sinapsis más grandes y densas. Este estudio aporta una gran evidencia a la teoría de que la «homeostasis sináptica», la cual mantiene el equilibrio interno de las neuronas, es una de las razones clave de por qué todos los animales necesitan dormir.

sábado, 3 de abril de 2010

Al Engrosar Cierta Parte del Cerebro, la Meditación Zen Mitiga el Dolor Físico

Según un nuevo estudio, las personas pueden reducir su sensibilidad al dolor mediante el aumento de grosor de cierta zona de sus cerebros, y la práctica de técnicas de meditación ayuda a ese engrosamiento. Un equipo de investigadores de la Universidad de Montreal ha descubierto esto al comparar el grosor de la materia gris del cerebro en personas que realizaban medición Zen y en otras que no.


Los investigadores han hallado pruebas de que practicar la disciplina Zen, la cual tiene siglos de antigüedad, puede robustecer una región central del cerebro (la corteza cingulada anterior) que regula el dolor.

A juzgar por los resultados del estudio, los meditadores Zen engrosan esa zona de su corteza a través de la práctica de dicha meditación, y esto es lo que parece conducir a su menor sensibilidad al dolor.



Como parte de este estudio, el equipo de Joshua A. Grant reclutó a 17 meditadores y a 18 sujetos que no lo eran ni nunca habían practicado yoga.

Grant, Pierre Rainville y sus colaboradores midieron la sensibilidad al dolor térmico aplicando una placa calentada a la pantorrilla de los participantes y escaneando el cerebro de los sujetos mediante captación de imágenes por resonancia magnética estructural. Según los resultados de estos escaneos, la zona central del cerebro que regula la emoción y el dolor es significativamente más gruesa en los meditadores que en los demás individuos examinados.

Las prácticas de meditación podrían resultar beneficiosas en general para el manejo del dolor, para prevenir las reducciones normales de materia gris relacionadas con el envejecimiento, y, potencialmente, para cualquier afección donde se vea afectada la materia gris, como en un derrame cerebral.

En estudios anteriores, ya se comprobó que la meditación Zen tiene efectos beneficiosos sobre el dolor y que ciertos ejercicios de respiración, asociados o no con técnicas tradicionales de meditación, pueden mitigar los sentimientos de depresión.

jueves, 25 de febrero de 2010

Dormir es bueno: una hora de siesta ayuda a las personas a ser más inteligentes

El descanso despeja la mente y mejora la capacidad de aprendizaje, según reveló estudio estadounidense
Domingo 21 de febrero de 2010 - 07:29 pm
Tómese una siesta. La cabeza trabaja mejor si como mucho cuatro horas después de aprender algo quien estudia hace una parada para dormir. (Reuters)
San Diego (DPA). Estudiar sin parar sirve de poco si no se combina con una buena siesta. Tras una serie de estudios, investigadores estadounidenses aseguran que para fijar un nuevo conocimiento en la memoria, el cerebro necesita dormir.
La cabeza trabaja mejor si como mucho cuatro horas después de aprender algo quien estudia hace una parada para dormir. Así lo aconsejó hoy desde la Universidad de Berkeley el psicólogo estadounidense Matthew Walker, durante un simposio en el marco del congreso anual de la Asociación Para el Avance de la Ciencia en Estados Unidos (AAAS) en San Diego.
Por eso, Walker y otros científicos abogan por la siesta diaria. Una pausa a mediodía permite al cerebro conseguir el espacio necesario para trabajar el resto del día, aseguran.
EL MÉTODO IDEALY es que, según las investigaciones, los estudiantes se equivocan cuando renuncian a horas de sueño para estudiar sin pausa en los días previos a un examen, ya que su rendimiento y la capacidad de asimilar conocimientos disminuyen casi un 40%.
En un estudio con 39 jóvenes, Walker demostró que una pausa de 90 minutos al mediodía les ayudó a mantener su capacidad de concentración por la tarde incluso después de haberse enfrentado a difíciles exámenes por la mañana. Sin embargo, el grupo que no paró a mitad del día consiguió peores resultados.
El psicólogo comparó un cerebro recargado con el buzón de una cuenta de correo electrónico. “Si el buzón del hipocampo se llena, ya no llegan más mensajes”, aclara el autor de este estudio. Durante el sueño, la información pasa al córtex prefrontal -una parte del cerebro con más capacidad-, el hipocampo se vacía y el cerebro está de nuevo libre para recibir nuevos conocimientos.
FUNCIÓN CEREBRAL El equipo de Walker consiguió demostrar hace poco que durante la segunda fase del sueño el cerebro se regenera. Esa segunda fase comienza tras el sueño profundo y concluye cuando empieza la fase REM (en la que se sueña y se mueven los ojos con rapidez).
Hasta el momento se desconocía la función de este segundo tramo del proceso, asegura Walker. Ahora está claro que no sólo sirve para almacenar datos y establecer una conexión entre las nuevas y las viejas informaciones. Además, fomenta la creatividad y la capacidad para solucionar problemas complicados. Por eso, el cerebro destina a esta fase la mitad del tiempo completo del sueño, explica el científico.
Dormir ayuda también al desarrollo del cerebro de los bebes, como apuntó en San Diego el neurólogo Marcos Frank, de la universidad de Pennsylvania. Durante el sueño, los lactantes procesan las impresiones más relevantes de su entorno, cierran procesos nerviosos y activan enzimas y proteínas. Por eso, como ha demostrado su equipo, la falta de sueño tiene un efecto negativo en el desarrollo del cerebro.

lunes, 22 de febrero de 2010

El Cerebro Interviene en la Regulación de la Masa Osea

El cerebro actúa como un centro regulador, controlando miríadas de procesos en todo el cuerpo en maneras que apenas comenzamos a entender. En un nuevo estudio, unos científicos australianos han mostrado conexiones sorprendentes entre el cerebro y la regulación de la masa ósea.
Una de las funciones importantes de nuestros esqueletos es la de proporcionar apoyo mecánico. Para cumplir este papel, el tejido óseo es modificado a lo largo de nuestras vidas, en respuesta a niveles de actividad y pesos corporales cambiantes. La masa ósea aumenta cuando subimos de peso y disminuye cuando perdemos kilos.
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Lo descubierto en este nuevo estudio muestra que la formación de hueso, lejos de ser un mero proceso mecánico dependiente del peso del cuerpo, es delicadamente orquestada por el cerebro, que envía y recibe señales a través de los sistemas nervioso y endocrino.Ahora está claro que la red neuronal que controla el apetito y la energía también influye en la densidad ósea. Cuando estamos hambrientos, nuestros cerebros no dejan que gastemos energía para reproducirnos, engordar o formar hueso nuevo. En cambio, cuando comemos en abundancia nuestros cerebros hacen más fácil la reproducción, el aumento de peso, y la formación de hueso.El Dr. Paul Baldock, neurocientífico del Instituto Garvan de Investigación Médica, ha demostrado en ratones que un neurotransmisor, el neuropéptido Y (NPY) controla directamente los osteoblastos, las células que dan lugar al tejido óseo.Todo el intrincado procesamiento se produce en el hipotálamo, una pequeña pero compleja región del cerebro que conecta los sistemas nervioso y endocrino

viernes, 29 de enero de 2010

Entendiendo el código neuronal


En una colaboración entre un laboratorio de la Universidad de Rutgers, otro de la Universidad de Nueva York y el grupo de Neurociencia Computacional de la Universidad Autónoma de Madrid, se han combinado técnicas teóricas y experimentales para mostrar que los circuitos en la corteza cerebral poseen propiedades dinámicas que permiten reducir las correlaciones impuestas por la anatomía. Como se describe a continuación, este fenómeno representa un avance hacia la comprensión del código que usa el cerebro para procesar información.

Las neuronas de la corteza cerebral representan en su actividad la información sensorial que adquirimos de nuestro entorno, así como también las funciones motoras y cognitivas fundamentales. Los neurocientíficos llevan décadas tratando de descifrar el código que utiliza el cerebro para trasformar un estímulo -por ejemplo una imagen que llega a nuestra retina- en secuencias de impulsos eléctricos emitidos por grandes poblaciones de neuronas. Una de las características que más intriga sobre esta codificación es su naturaleza estocástica o aleatoria: a diferencia de una cámara digital que transforma imágenes en palabras binarias (bytes) siguiendo un algoritmo determinista, presentada varias veces una misma imagen a un sujeto, las neuronas de la corteza visual responden cada vez de un modo un poco diferente. Así, las neuronas codifican la presencia de patrones visuales en la imagen con la frecuencia de emisión de impulsos pero el número exacto de éstos parece ser aleatorio. Sólo tras promediar la respuesta sobre un número grande de repeticiones, es posible eliminar la variabilidad y descodificar en la respuesta promedio la presencia, por ejemplo, de una línea en una determinada posición del campo visual. Dado que somos capaces de percibir imágenes sin necesidad de mirarlas repetidamente, se piensa que los efectos de la variabilidad de cada neurona podrían ser evitados si la información estuviese distribuida en una población de miles de neuronas. Cada una de ellas haría una representación "ruidosa" del estímulo, pero promediando sobre la población el cerebro sería capaz de obtener una codificación precisa del mismo. Este simple principio sin embargo, supone que el error que comete cada neurona es independiente del resto. Si por el contrario dicho error estuviese correlacionado (las neuronas tienden a sobre-estimar o sub-estimar alguna propiedad del estímulo de modo conjunto) promediar sobre muchas neuronas no mejoraría sustancialmente la estimación. Y esto es precisamente lo que parece ocurrir con la variabilidad de las neuronas en la corteza cerebral: no es independiente si no que está correlacionada entre las neuronas. Esta observación llevó a los neurocientíficos a conjeturar en los años 90 que dichas correlaciones serían una consecuencia inevitable del modo en que las neuronas están conectadas en los circuitos corticales: la red de conexiones es tan densa, que la actividad de una neurona se ve afectada por la actividad de otras neuronas en su misma población, de modo que su estimación está influida por la de las demás y no es independiente. Este hecho implicaría que el código neuronal sería intrínsecamente estocástico lo que pondría límites demasiado estrictos en la precisión con la que podemos percibir por ejemplo imágenes, sonidos u otros estímulos.En el trabajo, llevado a cabo por investigadores del grupo de Neurociencia Computacional de la Universidad Autónoma de Madrid, del Quantitative Neuroscience Laboratory de la Universidad de Rutgers y del Center for Neural Science de la Universidad de Nueva York y publicado en Science, han podido demostrar que las correlaciones entre neuronas no son una consecuencia inevitable de la conectividad de los circuitos corticales. Para ello han combinado el análisis matemático de redes de neuronas con experimentos en los que se toman registros simultáneos de la actividad de una población de neuronas en ratas anestesiadas. Empleando técnicas teóricas han descubierto que la dinámica neuronal del circuito es de una naturaleza tal que permite eliminar en gran medida las correlaciones entre neuronas.En modo efectivo, las neuronas actúan como si fuesen independientes. Esto ocurre incluso en circuitos corticales con conectividad muy densa. A través de la realización de una serie de experimentos han mostrado que, en ciertas condiciones, poblaciones de neuronas de la corteza cerebral de la rata pueden funcionar en este estado de actividad asíncrona (independiente). Este resultado tiene consecuencias importantes sobre el entendimiento del código neuronal porque abre la posibilidad de que no sea intrínsecamente estocástico.